Los contratos ya no solo se redactan con palabras, sino a través de códigos informáticos. Además, su cumplimiento puede no depender únicamente de la voluntad de las partes, sino de un software. Parece ciencia ficción, pero los contratos inteligentes han llegado para quedarse.
En la actualidad aún no hay una aplicación masiva de estos contratos inteligentes, aunque realmente resultan muy útiles y ayudarían a facilitar las acciones del campo del derecho, tanto a la hora de redactar los mismos contratos, como a la hora de automatizar procesos.
Uno de los sectores que resultaría más beneficiado es el sector de los seguros, ya que con la aplicación de los smart contracts podrían aumentar la velocidad de pago de las indemnizaciones por siniestros y reducir los costes y errores referentes al procesamiento manual.
Además, el transporte de mercancías también es otro ámbito susceptible para la aplicación de estos contratos inteligentes, ya que estos contratos pueden emitir, por ejemplo, una autofactura a favor de un proveedor y ejecutar su pago si este va cumpliendo los puntos programados en el smart contract.
Para el mercado del alquiler también supondría un avance, pues la tecnología blockchain permitiría que se pudiera devolver automáticamente la fianza al inquilino al dejar el inmueble en las condiciones establecidas.
Por su lado, el sector de la banca podría verse muy beneficiado, por ejemplo, en los servicios referentes a herencias, ya que podrían automatizarse estableciendo la asignación de activos tras el fallecimiento del titular.
Hoy en día no existe ninguna regulación específica que reglamente los contratos inteligentes, ya que es algo totalmente novedoso, aunque estamos seguros de que cada vez será más común.





